Praga en primavera

 

Cuando en junio se apagaban los ecos del Mayo Francés, los tanques del Pacto de Varsovia (como se denominaba la “alianza militar” entre la burocracia soviética y los gobiernos títeres del este europeo) inician maniobras en la frontera de Checoslovaquia. Allí también la protesta juvenil y obrera había alcanzado una magnitud y extensión sin precedentes a partir de marzo. El retiro de las unidades militares, previsto para el 30 de junio, no ocurre. La “primavera de Praga” estaba entrando en la historia.

También en Checoslovaquia los estudiantes ocupan la primera fila de la movilización popular. Desde 1967 reclaman contra el régimen de estudios en el ámbito de la universidad y contra la represión generalizada. El movimiento supera rápidamente los límites del medio estudiantil. En junio de ese mismo año, el cuarto Congreso de la Unión de Escritores se convierte en una potente voz de oposición política. Vota un llamamiento público que firman 183 escritores, 69 artistas, 56 científicos y 21 cineastas: “Entre nosotros – dice el manifiesto -  hay numerosos marxistas, comunistas, y la gran mayoría de nosotros desaprueba el sistema económico y social de las naciones capitalistas, es resueltamente favorable al socialismo. Pero estamos por un socialismo auténtico, por el ‘reino de la libertad’ proclamado por Marx y no por el régimen del terror… (pedimos) que se restaure la libertad total de palabra y de expresión, de pensamiento y de creación… la supresión de la censura política .”1

El movimiento progresa sin cesar. El gobierno prohíbe la circulación del pronunciamiento, pero éste se difunde masivamente en volantes y periódicos de gran circulación clandestina. La agitación en las casas de estudio se incrementa: el 31 de octubre, una gran manifestación marcha desde la sede de la Universidad al palacio de gobierno. Hay choques con la policía y numerosas detenciones. Un alto funcionario “comunista” se confiesa ante un corresponsal extranjero: “Por primera vez muchachos nacidos y educados en el régimen, sin haber tenido más influencia que la educación socialista, han sido golpeados por la policía y han gritado consignas hostiles al gobierno y al partido”2.

La presión del descontento, que se extiende entre todas las capas de la población, se hace insoportable para la cúpula del poder. En la cima, la burocracia ya se encontraba dividida con antelación a la irrupción de la juventud; la crisis de arriba se combina con la insurgencia de abajo. El presidente de la república -  el viejo represor stalinista Antonin Novotny-  debe renunciar a su cargo de secretario general del PC en enero de 1968 y es sustituido por Alexander Dubcek, que encabeza a la fracción de la burocracia que será conocida como la de los “renovadores”. La movilización popular considera el cambio como un triunfo propio. El clima en el país se altera radicalmente. Aunque la censura no sería abolida hasta finales de junio, simplemente se la ignora y por primera vez en dos décadas desaparece de los medios de comunicación el monopolio de la versión oficial. El despertar político se propaga de los círculos avanzados al resto de la sociedad y se radicaliza bruscamente a fines de febrero, cuando se hace público que Novotny había intentado en diciembre un golpe militar. Uno de los jefes de los golpistas -  el general Sejna -  se fuga… a los Estados Unidos. Una avalancha de reuniones, mitines, resoluciones y cartas exigen el castigo de los responsables. Se suman al reclamo jefes y oficiales del ejército3.

El programa de los renovadores
La ola ya no se detiene: a partir de marzo la agitación se traslada a las fábricas. “Más de 250 asambleas destituyen a los dirigentes burocráticos y elevan a una nueva camada de activistas. Naturalmente surgen los reclamos saláriales y contra los abusos y privilegios de los burócratas.”4 El movimiento entra en una fase decisiva con esta intervención de los trabajadores. El 22 de marzo, una nota en la prensa sacude al país: “Novotny y su hijo utilizaban una licencia gubernamental de importación para obtener vehículos Mercedes, Alfa Romeo, Jaguar y de otras marcas occidentales, para impresionar a las mujeres. Cuando se cansaban de un coche en particular, siempre podían vendérselo a los amigos con un beneficio enorme”. Novotny tiene que renunciar ahora a la presidencia. El 27 de marzo, en medio de una creciente deliberación popular, se nombra para sustituirlo al general Svoboda. Una manifestación estudiantil protesta contra este nombramiento. Es un hecho inédito: la concentración se extendió durante muchas horas sin que nadie interviniera, hasta la medianoche, cuando se concentra ante la sede del Partido Comunista y exige hablar con Dubcek para manifestar su descontento por el nuevo presidente.5
El comité central del partido se reúne en los primeros días de abril. Los “renovadores” ocupan nuevos cargos, aunque mantiene un compromiso que preserva para la fracción de Novotny posiciones en los organismos dirigentes; son exigencias del Kremlin. Se vota también un “programa de acción” para compatibilizar con las presiones de Moscú. Todas las fracciones del comité central renovado lo aprueba por unanimidad. Se establecen algunas modificaciones en los mecanismos electorales y se procede a “rehabilitaciones”. Según cifras oficiales, había habido más de 130.000 condenados a prisión, sin contar las detenciones sin proceso, las asignaciones compulsivas de trabajo y/o residencia, las expulsiones de centros escolares, las causas por “vagancia” contra personas privadas previamente de su trabajo. Las revelaciones, a lo largo de 1968, ponían al descubierto que toda esta salvajada contaba con la intervención directa de los servicios manejados desde la dirigencia de la URSS.6
El “programa de acción” de los renovadores define una perspectiva restauracionista, bajo la cobertura de otorgarle racionalización al ‘socialismo’: plantea “abrir la economía al mercado mundial con el objetivo de crear las condiciones para la convertibilidad de la moneda checoeslovaca” y señala también la necesidad de la “diferenciación salarial, de (estimular) la productividad del trabajo y de los poderes dirigentes responsables”. “El Partido continuará al frente del proceso de democratización como la mejor garantía contra las tendencias anarquistas”. Por esa época ya se encontraban bien implantadas en la burocracia soviética las fracciones que planteaban alternativas similares. El problema era que la ‘tendencias anarquistas’, o sea la movilización de las masas y la revolución política, ya estaban en movimiento. Para ir al capitalismo había que liquidar primero el ‘anarquismo’ del pueblo.

Lo que se viene, y de dónde
Ya el 23 de marzo en Dresde – Alemania Oriental-  los popes soviéticos habían convocado a una reunión de emergencia del pacto de Varsovia. Toda la reunión giró en torno a recriminaciones por los acontecimientos en Checoslovaquia. El 8 de abril, esta vez en Moscú, la dirección del PCCh es advertida: debe controlar a la prensa y poner fin al proceso “antirrevolucionario”. A mediados de mayo, los líderes soviéticos movilizan las tropas emplazadas en Polonia y Alemania Oriental a la vista y conocimiento de la Otan, que tampoco quería ‘anarquía’, en especial mientras se desenvolvía el Mayo Francés. La agencia de prensa checoslovaca “renovadora” le mentía al pueblo con seguridades de que lo que estaba ocurriendo era “normal”.
Ya era primavera en el hemisferio norte, la “primavera de Praga”. El régimen de Novotny se había montado sobre un mar de sangre y terror. La “purgas”, los ajusticiamientos y los crímenes que caracterizaron al período 1949-52 despedazaron a la burocracia que se había encaramado en el poder en 1948. La pena de muerte se aplicó con total discrecionalidad. Cayeron dirigentes que habían luchado en la guerra civil española. El pánico tenía paralizada a la propia burocracia. La autonomía nacional de Checoslovaquia, armada con artificios por la Liga de las Naciones en la entreguerra, volvía a ser liquidada luego de la ocupación nazi y de la resistencia nacional al nazismo. País industrial, Checoslovaquia ingresaba en un período de estancamiento, cuya causa era su atadura al Kremlin y a la arbitrariedad de la burocracia. El período de “liberalización”, que siguió a la muerte de Stalin en 1953, tuvo el propósito de reconstituir el tejido de la burocracia dirigente y dar una salida a la tendencia al estancamiento económico. Los estallidos revolucionarios en Hungría y Polonia en 1956 habían sonado la campana para el stalinismo. La burocracia rusa ocupa Hungría pero no se atreve a hacer lo mismo con Polonia. Una crisis revolucionaria de conjunto envuelve al este y al oeste de Europa, en momentos en que una fuerza de 50.000 militares norteamericanos comienza a sufrir la debacle en Vietnam 7.

1. Claudin Fernando: La oposición en el “socialismo real” Unión Soviética, Hungría, Checoslovaquia, Polonia 1953-1980.
2. Citado por Pierre Broué en Les printemps du peuples commence a Prague, Ed. La verité, 1969.
3. Claudin Fernando, op. cit
4. Andrés Roldán en “La primavera de Praga”, Prensa Obrera  Nº 598, 27 de agosto de 1998.
5. Mark Kurlansky: 1968, el año que conmocionó al mundo, Ed. Bruguera, 2005.
6. Claudin Fernando, op. cit.
7. “Moscú y los renovadores estrangulan la revolución en Checoslovaquia” en Prensa Obrera Nº 150, 14 agosto 1986.

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Las 2.000 palabras del verano en Praga

El régimen stalinista checoeslovaco enfrentaba desde 1967 una creciente movilización de la juventud y la intelectualidad. En enero de 1968 tiene que renunciar a la jefatura del PC el viejo represor Antonin Novotny y asciende Alexander Dubceck, al frente de los “renovadores”. La crisis por “arriba” se combina con el impulso popular de un enorme movimiento desde “abajo”. Estalla “la Primavera de Praga”.(1) Todo el mundo delibera, se impone una amplia libertad de expresión, caen los antiguos burócratas. En marzo y abril se generalizan las asambleas en los lugares de trabajo y se eligen nuevos líderes. Una revolución política está en marcha.

Las 2.000 palabras del verano en Praga

En los últimos días de mayo se reúne el Comité Central del PC checoslovaco. Decide convocar rápidamente al XIV Congreso para el mes de septiembre. Su cometido sería terminar de liquidar a los viejos elementos del ala conservadora. La iniciativa, sin embargo, no cuenta con el apoyo de Dubcek, que se muestra vacilante. Acababa de llegar de Moscú. Pensaba que se podía romper el precario acuerdo con el sector conservador y frustrar sus promesas a los capitostes del Kremlin de contener el movimiento anti urocrático de las masas.(2) En junio, concluida la reunión del CC, la movilización tiende a distenderse. La eliminación de la censura, el aumento salarial de emergencia otorgado a los trabajadores y el anuncio de que se estudiaría la creación de consejos obreros por empresa son conquistas importantes que “contribuyen a cierta desmovilización”.(3) Ante la proximidad del verano, los más activistas temen que la calma se transforme en reflujo. Es cuando toman la iniciativa de redactar lo que pasará a la historia como el “Manifiesto de las 2000 palabras”. Será divulgado el 27 de junio con un centenar de firmas de personalidades pertenecientes a diferentes sectores de la sociedad checoeslovaca -artistas, actores, profesores, dirigentes obreros, deportistas- y reproducido en los días siguientes en las principales publicaciones del país.

El Manifiesto declara su apoyo al “Programa de acción” de los renovadores, que plantea una perspectiva restauracionista(4) aunque, al mismo tiempo, llama a defenestrar sin miramientos a los conservadores y a defender la libertad de expresión. Es un llamado a la acción; para acabar “con los que se abusaron del poder y se comportaron de manera deshonesta y brutal”. Apela a todos los medios posibles: “Críticas públicas, adopción de resoluciones, manifiestos, huelgas” y al desarrollo de una organización propia: “Establezcamos comités para la defensa de la libertad de expresión y nuestros propios organismos de seguridad para proteger nuestras asambleas… desenmascaremos a los espías…”.

“Moderado en su forma y su contenido, el Manifiesto de las dos mil palabras es, sin embargo, un texto revolucionario (porque) por primera vez plantea el problema del poder, de la organización independiente de las masas en lucha contra el aparato (stalinista)”.(5) La expresión “moderado”, que utiliza Broue, escamotea el contenido social del llamado, que es el restablecimiento de la democracia formal, es decir burguesa, cuya base es la propiedad privada. El documento es conocido el último día de las maniobras de las tropas del Pacto de Varsovia en territorio checoslovaco y tres días antes de la apertura de las conferencias distritales del partido para su congreso. 

La burocracia delibera

La reacción de los conservadores es inmediata. Reclaman que se tomen medidas punitivas contra los autores del Manifiesto y que se prohíba su difusión, y que el petitorio retome el control de los medios de comunicación, inclusive por la fuerza, contra la voluntad de sus trabajadores y periodistas. El ala renovadora de la burocracia rechaza este extremo pero admite que la dirección partidaria emita una declaración condenando al Manifiesto que, “debido a la situación interior y exterior, coloca en peligro al conjunto del proceso de democratización”. La cúpula del partido, con los renovadores a la cabeza, asegura que está decidida a utilizar “todos los medios disponibles” para mantener el orden público. La burocracia soviética, que teme por sobre todas las cosas que las masas intervengan en las disputas por el control del partido, posterga la salida de las tropas de los “países socialistas amigos”, que venían de desarrollar ejercicios de “rutina”. El comando del Pacto de Varsovia inicia una serie de conversaciones con las autoridades polacas para lograr un arreglo. Como parte de este tortuoso proceso, se informa que a mediados de mes se reunirán los representantes del Pacto en la capital de Polonia. El gobierno afirma que no concurrirá; el cónclave se concretará igual a mediados de julio con representantes de Alemania Oriental, Polonia, Bulgaria, Hungría y la Unión Soviética.

Las opiniones no son unánimes. El presidente de la URSS, Alexei Kosigyn, lidera un ala proclive a sostener la labor de los “reformistas” checoeslovacos. Brezhnev, secretario general del PCUS, propone una línea intermedia ante otros sectores del PC soviético que reclaman una invasión militar directa. Los burócratas de los países intermedios temen el efecto contagio. Otras voces se levantan para señalar que una eventual invasión amenazaría la relación con los otros partidos comunistas, llamados a una conferencia mundial en Moscú para noviembre.

Se llega finalmente a un compromiso: una carta firmada por todos los miembros del Pacto de Varsovia reclama medidas que liquiden la movilización contra la burocracia, reimplante la censura, proscriba a los grupos “contrarrevolucionarios” y mantenga el “orden”. La dirección del PC checoeslovaco hará pública la carta, rechazando las imputaciones de “descontrol”. Al mismo tiempo se desarrollaban las reuniones distritales para elegir los delegados al congreso de septiembre del Partido Comunista. Los representantes de los conservadores son literalmente barridos: hay muchas caras nuevas entre los delegados: 17% son obreros y apenas 21% funcionarios (en congresos previos constituían la totalidad de las delegaciones). 

Confusión

El Comité Central del PCUS se reúne en esos días de julio, es uno de los momentos de máxima tensión, para tratar con exclusividad la situación checoeslovaca. Luego de la respuesta del PC polaco, votada por todas las alas del partido, la cúpula del Kremlin tiene que admitir que un golpe de mano interno es inviable. “Tiene que decidir entre convivir con el liderazgo de Dubcek, intentando influir en los acontecimientos checoeslovacos por medios políticos y económicos (como en Polonia en 1956) o plantear una alternativa de aplastamiento militar (como en Hungría en ese mismo año)”.(6) La cúpula burocrática vacila “llena de confusiones y dudas”.(7)En este clima se plantea un viraje: luego de haber rechazado la propuesta de una reunión bilateral entre los dirigentes de ambos países en Checoeslovaquia, la cúpula soviética vuelve atrás y el 22 de julio acepta concretar la reunión. Se realiza una semana después, el 29 de julio en Cierna-nad-Tisou, un pequeño pueblo eslovaco en la frontera entre ambos países. La “cumbre ” finaliza el 2 de agosto con una convocatoria para el día siguiente, esta vez a los seis miembros del Pacto de Varsovia (URSS, Alemania del Este, Polonia, Bulgaria, Hungría y Checoslovaquia) para encontrarse en Bratislava (capital de Eslovaquia). Esa misma noche del 2 de agosto, Dubcek pronuncia un discurso radial expresando su alegría por el éxito de las conversaciones y asegura al pueblo checoslovaco que su soberanía como nación no se ve amenazada, que para ello las buenas relaciones con la Unión Soviética son esenciales. El clima explosivo reinante se afloja y la nueva situación se presenta como una victoria del pueblo checoeslovaco…

Menos de veinte días después los tanques rusos entrarán en Praga. 

 

(1) ver “Primavera en Praga”, Prensa Obrera 1044, 3 julio 2008.
(2) Robert Rhodes James; The Czechoslovak crisis 1968, 1969.
(3) Pierre Broué, Les printemps du peuples commence a Prague, Ed. La verité, 1969.
(4) Prensa Obrera Nº 1.044, op cit.
(5) Pierre Broué, op. cit.
(6) Jiri Valenta, Soviet Inervention in Czechoslovakia, 1968. Anatomy of a Decision, 1979. Un excelente análisis de la revolución politica de 1956 en Polonia y Hungría puede encontrarse en las serie de tres artículos publicado en Prensa Obrera (Nº 158, 159 y 160) en octubre de 1986.
(7) Jiri Valenta, op. cit.

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Diplomacia secreta quince días antes de la invasión

La irrupción de las masas en la Primavera de Praga provoca una violenta reacción de la burocracia soviética. La tensión llega a un punto límite a mediados de julio. La burocracia del Kremlin, sin embargo, acepta una reunión bilateral el 29 de julio, que será seguida por otra en Bratislava, esta vez con los restantes miembros del Pacto de Varsovia. El clima en Praga es de vigilia ante una eventual intervención militar. Al concluir las deliberaciones, el líder de la burocracia “reformista” anuncia que se llegó a un acuerdo. Estalla el júbilo popular, las masas festejan en las calles… Y también desconfían: reclaman precisiones a los líderes que vuelven del encuentro; ¿qué es lo que finalmente se acordó?  

La presencia masiva de prácticamente todos los jefes del Kremlin en el encuentro con los checoslovacos no tenía antecedentes. En los enfrentamientos del pasado con los capitostes de los PCs yugoeslavo, polaco y húngaro, las negociaciones habían quedado siempre en manos de una pequeña delegación. Ahora fueron todos porque no había un acuerdo previo en la cúpula soviética sobre cómo proceder. En el curso de las conversaciones debían conciliar posiciones los partidarios de marchar directamente a una solución de fuerza y quienes consideraban que tal eventualidad sería un bumerán. Por las dudas, el Comité Ejecutivo (Politburó) en Moscú había resuelto dar curso a la negociación y, al mismo tiempo, a los preparativos para una eventual invasión.(1) El “plan A” estaba comenzando, el “plan B” calentaba los motores.

Apenas dos semanas antes del encuentro bilateral de fin de julio, la publicación de una carta firmada por los dirigentes soviéticos despotricando contra la anarquía reinante en Checoslovaquia había derivado en una mayor movilización de los trabajadores y la juventud en Praga. Había puesto en evidencia, al mismo tiempo, la debilidad de los sectores “duros” del aparato stalinista checoeslovaco. Con este panorama habían ganado cierta ventaja los argumentos del sector de la burocracia rusa que planteaba negociar con el primer ministro checoslovaco Dubcek: fuera de los “reformistas”, no había nada para intentar contener la revolución antiburocrática. Y eran los propios burócratas liberales quienes mantenían un salvavidas para los conservadores. Por eso la representación del Partido Comunista checoslovaco, además de los reformistas (Smrkovsky, Cernik y Kriegel, quienes apoyaban a Dubcek, incluyó tres miembros de la minoría conservadora (Bilak, Kolder y Svestka), contraria a las reformas y partidaria de la mano dura para acabar con la revolución en marcha. 

Acuerdos secretos

La burocracia “reformista”, sin embargo, hizo su propia contribución a una salida negociada con los mandamases msocovitas cuando, días antes del encuentro, echó al general Prchlík, jefe del departamento de defensa del PC checoslovaco. El hombre venía de denunciar que las maniobras del Pacto de Varsovia de junio no habían constituido un ejercicio “común” de las fuerzas armadas de los países “socialistas” sino un ensayo general de invasión. El hombre gozaba de cierta popularidad en la Praga insurgente y había señalado también la necesidad de preparativos para resistir tal posibilidad.(2) La burocracia soviética interpretó esto como evidencia de que Dubcek no pensaba resistir una invasión y como un gesto de “buena voluntad” que se reforzaba con la integración de los “duros” a la representación oficial en las conversaciones. Muchos años después, con la apertura de los archivos secretos, se supo que esos mismos “duros” habían entregado sigilosamente, en un baño y en medio de las conversaciones, una solicitud formal de ayuda a sus amigos del Kremlin, reclamando “asistencia” soviética contra el “peligro contrarrevolucionario”.(3)

Cuando el debate entre las delegaciones parecía empantanarse, un compromiso fue establecido por un comité “ad hoc” liderado por las cabezas de las fracciones conciliadoras. No ha quedado ningún acta ni escrito del acuerdo, pero los variados testimonios sobre el asunto indican que los burócratas checoeslovacos se comprometieron a limitar la libertad de prensa, vehículo en su país de la enorme deliberación política entre la vanguardia obrera, la juventud y la intelectualidad. También habrían aceptado desplazar a los dirigentes más radicales del partido(4) y disolver a las organizaciones consideradas por los soviéticos como contrarrevolucionarias. En estas condiciones la burocracia soviética habría admitido la realización del XVI Congreso Extraordinario del Partido Comunista checoslovaco convocado para septiembre.

Para sancionar este acuerdo se sumaron a las conversaciones Alemania Oriental, Bulgaria, Hungría y Polonia. Pero también hay divergencias: mientras el húngaro Kádár apoya el compromiso alcanzado en la reunión previa, el alemán Ulbrich y el polaco Gomulka lo consideran poco realista. Dubcek intentará convencerlos de que podrá cumplir sus promesas y evitar que la situación se desmadre. Finalmente, se acuerda firmar un documento común sobre la base de una propuesta soviética que es discutida párrafo a párrafo y oración por oración. El documento no contiene ninguna referencia a la situación interna de Checoslovaquia, pero en el lenguaje propio de la burocracia queda planteado el ultimátum al recordar el “deber internacional común (de…) asistencia fraternal” si hubiese algún peligro de “contrarrevolución” (“asistencia” en ese lenguaje quiere decir “intervención militar”; “contrarrevolución”, la movilización obrera contra la burocracia).(5) A pesar de las declaraciones triunfales de los “reformistas” checoslovacos, la declaración de Bratislava es sólo un compromiso inestable. Reflejaba, sobre todo, que “la intervención podría ser necesaria a menos que el liderazgo de Dubcek consiguiese una drástica restauración del control”.(6) En sus fórmulas generales, la declaración de Bratislava revestía significado distinto para cada una de las partes en litigio, según confesó más tarde quien ocupaba entonces la cancillería del gobierno checoeslovaco.(7) 

Dos semanas

Entre la euforia porque la intervención quedó, al menos momentáneamente, bloqueada y la desconfianza instintiva sobre el pacto firmado por las cúpulas, las masas checoeslovacas refuerzan su movilización. El Presidium del PC Checoslovaco tiene que prohibir las asambleas nocturnas. El 9 y el 15 de agosto, llegan a Praga los líderes de dos países distanciados de los rusos: Tito, de Yugoslavia, y Ceausescu, de Rumania; se refuerza el temor soviético de que Checoslovaquia se sume a los países que se resisten a su influencia. El 10 de agosto, se publica la propuesta de reforma de los Estatutos partidarios que debía ser discutida en el inminente congreso extraordinario del PC checoslovaco. Esta reconocía derechos para las minorías, y establecía el voto secreto para la elección de los cargos de dirección y límites temporales en su permanencia. Un informe interno sobre el inminente congreso extraordinario del partido advertía que el grueso de la vieja dirección antirreformista y prosoviética sería barrida y que la burocracia reformista no tenía el control de la situación. Estalla la crisis y el Presídium checoslovaco prácticamente se disuelve. Se plantea una carrera contra el tiempo. Para los dirigentes soviéticos la principal prioridad es ahora evitar que se reúna el congreso. El 17 de agosto, el Politburó soviético toma la decisión. La invasión estaba en marcha. Al fin y al cabo, las tropas del Pacto se habían retirado del territorio checoslovaco… pero no de sus fronteras. 

1 y 2. Valenta, Jiri: Soviet intervention in Czechoslovakia, 1968. Anatomy of a decision, Johns Hopkins University Press, 1979.

3. Navrátil, Jaromir: et. al, The Prague Spring 1968: La Primavera de Praga ‘68. A National Security Archive Documents Reader, Central European University Press, 1998, pág. 309.

4. Broue, Pierre: A primavera dos povos comeca em Praga, Kairós, 1979 (1969), pág. 134. Valenta, Jiri, op cit, pág. 83.

5. Valenta: op. cit., pág. 74.

6. Willams, Kieran: New Sources on Soviet Decision Making during the 1968 Czechoslovak Crisis, Europe-Asia Studies, Vol. 48, Nº 3, (May 1996). Pág. 460.  

7. Ji Hayek: citadco por Fernando Claudin en La oposición en el socialismo real, Ed. Siglo XXI. 

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La burocracia decide mandar los tanques a Praga

Es pleno verano y la “primavera de Praga” parece momentáneamente a salvo del garrote militar. Un acuerdo de último momento entre la cúpula del Kremlin y la dirigencia checoslovaca se pone en marcha el 3 de agosto, al finalizar cuatro días de negociaciones.[1] Los ataques de la prensa soviética contra el levantamiento antiburocrático se detienen. Se terminan de retirar las tropas del Pacto de Varsovia del territorio checoslovaco. Los “reformadores” se han comprometido a poner la situación en caja. Pero sólo habían pasado diez días cuando la prensa “soviética” retoma la ofensiva contra lo que denomina la “contrarrevolución”. Una semana después será el turno de los tanques; el 20 de agosto. ¿Qué fue lo que pasó?  

Los días siguientes al acuerdo, la burocracia “reformista” buscó cumplir su parte: “comenzaron a planificar una considerable restauración del control del partido y del Estado”, preparando leyes que restringirían la actividad política…, autorizando la dispersión por parte de las fuerzas de seguridad de las manifestaciones, retomando el control de los medios de comunicación y planeando el armado de campos de detención para, en palabras del propio Dubcek, “el aislamiento político de personas”.[2] Pero cuando el 10 de agosto se publica el proyecto de reforma de los Estatutos partidarios para el congreso extraordinario del PC checoeslovaco, en Moscú se encienden luces amarillas. La propuesta de voto secreto para la elección de los cargos de dirección, que sólo podrían ser ejercidos en plazos limitados, se plantea como una amenaza para los burócratas más cercanos a la cúpula moscovita. Las luces viran a rojo cuando, tres días después, se conoce un informe reservado sobre el XIV Congreso. El informe advierte que “con excepción de una pequeña parte del núcleo dirigente, prácticamente la totalidad del Comité Central sería relevada de sus funciones” y que “es muy poco claro el futuro de los órganos centrales (de dirección del partido) y su composición”. La conclusión era que la nueva situación tendría serias consecuencias y que los “extremistas” con “opiniones políticas románticas” buscarían incrementar la hostilidad contra la URSS.[3]

Al día siguiente de conocerse semejante documento, 13 de agosto, Leonid Brezhnev, el secretario general del PCUS, se comunica telefónicamente con Dubcek, el nuevo líder “reformista” del PC checoeslovaco. Ambos habían sido los artífices del acuerdo de principios de mes. La trascripción de la conversación, contenida en un documento “desclasificado” en la década de los ‘90, revela a Brezhnev impugnando con indignación la falta de cumplimiento de lo que había sido pactado.[4] Se queja de que la campaña “antisoviética” en los medios no cesa. Recuerda, además, la promesa de remover a los líderes reformistas más extremistas y proteger a las fuerzas de seguridad, cuyos mandos respondían a los “duros”, incondicionales del stalinismo soviético. Dubcek “reconoce sus promesas”, pero plantea que la remoción de los dirigentes partidarios debía estar a cargo del Comité Central, cuya reunión plenaria sería a principios de septiembre. El documento desclasificado de los servicios informa, además, que Brezhnev se dirigía a su “par” a los gritos y que Dubcek, intimidado, llega a plantear su renuncia al hombre de Moscú, que la rechaza e insiste en que reformule la dirección del partido.

Luego de la conversación entre los máximos líderes de la URSS y Checoslovaquia, los líderes “duros” del PC checoslovaco abandonan las reuniones de la dirección y declaran que se “apartan de las tareas de preparación del Congreso”, con el propósito de poner de manifiesto frente a sus aliados en Moscú una suerte de vacío de poder. La situación se degrada y el ritmo de los acontecimientos se torna vertiginoso. El 15 de agosto visita el país el líder de Yugoslavia, Josep Tito, un burócrata “autónomo” enfrentado con los dirigentes del PCUS. La semana previa había estado en Praga el rumano Ceaucescu, que también estaba enfrentado con el centro moscovita. Ahora no hay retorno, falta apenas la orden de que la invasión se ponga en marcha. 

Anatomía de una decisión

El 17 de agosto, el Politburó soviético discute la situación checoslovaca. Esta vez está en minoría el sector de la dirección soviética que vacilaba frente a los peligros de una intervención militar: suponía que no sólo desestabilizaría todavía más la situación interna, sino que también afectaría los vínculos con los partidos stalinistas en Europa y los compromisos en marcha con el imperialismo norteamericano. Sobre esto último insistían hombres cercanos al presidente Kosigyn que negociaban un tratado de desarme que se proponía “aislar” a la dirección china, en pleno conflicto con los señores del Kremlin. El secretario del PC francés, a su turno, venía de realizar una visita relámpago para advertir sobre las consecuencias negativas de una invasión. Pero ahora, la política de presión sobre la burocracia reformista había llegado a un límite porque no estaba dando resultados. Después de la conversación telefónica del 13 de agosto, “Brezhnev se convenció de que Dubcek no cumpliría sus promesas”.[5] Para los dirigentes soviéticos la prioridad es ahora evitar que se reúna el congreso extraordinario, “las consecuencias indeseadas del uso de la fuerza se tornan secundarias frente a los peligros inmediatos y la fuerte posibilidad de peligros aun más serios en el futuro”.[6] Es ahora o nunca: después del congreso, “en el nuevo comité central ya no encontrarían elementos susceptibles de prestarse a un golpe de fuerza”.[7]

El consenso se ve reforzado por la evidencia de que el gobierno checoslovaco no ordenaría la resistencia armada y de que Estados Unidos no intervendría. El presidente norteamericano Lyndon Johnson había asegurado en persona su respeto a la “división del mundo” pactada en la posguerra con el stalinismo. Y así fue: los yanquis “perdieron el rastro a las fuerzas soviéticas que estaban maniobrando en las fronteras checoslovacas (…) y las ‘encontraron’ cuando los tanques ya estaban en Praga”.[8] Hoy se sabe que la CIA conocía al detalle los preparativos de la invasión, incluyendo los horarios y los lugares por donde ocurriría; eligió siquiera informar a las autoridades checoslovacas.[9] 

En las vísperas

Para la burocracia soviética el peligro no era la supuesta “contrarrevolución burguesa”. De hecho, no había opuesto ningún reparo a las reformas económicas restauracionistas planteadas por los líderes checoslovacos. Otra cosa estaba en juego: el desarrollo de una revolución política, que podría contagiar al resto de los países del bloque soviético y reforzaría a los activistas disidentes que se hacían notar al interior de la propia URSS.[10] Lo que inclinó la balanza para definir la invasión fue el fracaso del precario compromiso alcanzado en los días de agosto. A pesar de sus vacilaciones, los burócratas del Kremlin estimaron que no había salida sin intentar un golpe de fuerza. Es lo que se concretará de un modo brutal el 20 de agosto.  

1. Ver “Diplomacia secreta quince días antes de la invasión”, Prensa Obrera Nº 1.048, edición electrónica. www.po.org.ar/node/14892

2. Kieran, Williams: “New Sources on Soviet Decision Making during Czechoslovak Crisis”, en Europe-Asia Studies, vol. 48, Nº 3, mayo 1996.

3. Las observaciones son de Jiri Valenta en “Soviet intervention in Czechoslovakia, 1968. Anatomy of a decision”, Johns Hopkins University Press, 1979.

4. Kieran, Williams: “New Sources on Soviet Decision Making during Czechoslovak Crisis”, en Europe-Asia Studies, vol. 48, Nº 3, mayo 1996.

5. Bischof, Günter y Ruggenthaler, Peter: “Prague Spring and the Warsaw Pact invason of Cechoslovakia in 1968″, Humanities and Social Sciences Online, 2008, pág. 2.

6. Rodhes, James: “The Czechoslovak Crisis 1968″, University of Susex, 1969, pág. 111.

7. Claudín, Fernando: “La oposición en el ’socialismo real’”, Siglo XXI Editores, 1981, pág. 253.

8. Valenta, Jiri, op. cit., pág. 2.

9. Bischof y Ruggenthaler, op. cit. Valenta, op. cit., pág. 142, Rodhes James, op. cit., pág. 77.

10. Claudín, op. cit., pág. 254

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¡Praga invadida!

(El fracaso de los invasores)

Las tropas rusas no encontraron reparos en su avance a Praga. No había nadie contra quién luchar. Checoslovaquia contaba con las fuerzas mejor equipadas del Pacto de Varsovia, naturalmente si se excluye a la URSS; pero la dirección “reformista” del partido comunista checoslovaco jamás pensó en una hipótesis de enfrentamiento. Al revés, un general simpatizante de los “reformistas” había sido echado un mes antes por sugerir la necesidad de resistir una intervención militar. Al enterarse de la invasión, Dubcek, secretario general del partido comunista checoslovasco, dio la orden de no oponer ninguna resistencia. Los principales dirigentes se limitaron a esperar todo el día la llegada de las tropas en el edificio del Comité Central, donde se habían reunido para la reunión del Presidium.

A las cuatro de la madrugada del miércoles 21 de agosto una limusina negra condujo una columna de tanques hacia el edificio del comité central. “Al encontrarse con una multitud airada, la columna soviética abrió fuego con las ametralladoras y un joven resultó muerto por un disparo mientras Dubcek y los demás líderes, furiosos pero impotentes, observaban desde una ventana”. Era la primera víctima de la primavera de Praga.
El cuerpo de paracaidistas rodea el edificio del Comité Central, desconecta las líneas telefónicas y espera la orden de ingresar. A las nueve de la mañana un oficial de la KGB, escoltado por docenas de soldados, irrumpe en la sede donde se encuentran los dirigentes. Sin oponer resistencia, Dubcek, Cernik (jefe del gobierno) y Smerkovski (presidente de la Asamblea Nacional) son detenidos y trasladados a una prisión soviética.

“El propósito de Moscú era formar inmediatamente un nuevo gobierno, presidido por Alois Indra (uno de los más caracterizados conservadores y filosoviéticos de la dirección del partido) e intenta concretarlo presionando al general Svoboda, presidente de la República, para que avale la operación. Pero Svoboda se niega; todos los órganos legales del partido y del Estado se oponen y reclaman la libertad inmediata de los detenidos”. Según Jiri Hayek, ministro de relaciones exteriores del gobierno de Dubcek, el plan original fracasó inclusive antes de que las tropas entraran en territorio checoeslovaco: consistía en que un autoproclamado nuevo gobierno convocara a la “asistencia de los países socialistas amigos” con el propósito de evitar la disolución nacional. Así, en medio de una doble bancarrota política, y con el poder de los tanques en la calle se crea una insólita situación… de vacío de poder.

La resistencia

Con las horas, más pertrechos y tropas ingresan en el territorio checoslovaco hasta llegar a unos 7.000 tanques y unos 500.000 soldados. A medida que los tanques aparecen, los jóvenes intentan bloquear su avance sentándose frente a ellos, arman barricadas con autos, colectivos o cualquier objeto que sirviese. Radio Praga transmite en directo todos los acontecimientos; acallarla era un objetivo prioritario de los invasores. Muchos jóvenes y obreros corren hasta allí para defenderla. Se sientan o acuestan en el camino de los tanques y logran detenerlos por un momento. Cuando los tanquistas detienen su avance y salen de los blindados, los jóvenes checos comienzan a hablar con ellos en ruso. Preguntan: “¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no vuelven a su país?”. Los tanquistas se ponen nerviosos, desobedecen las órdenes de no atacar y comienzan los cañonazos. Los jóvenes checos no huyen, lanzan bombas Molotov contra los tanques, muchos se incendian y son detenidos; otros tiran contra la multitud, hay heridos y muertos. En ese momento Radio Praga emite: “Hermanos en la tristeza, cuando oigan el himno nacional sabrán que todo ha terminado”. Pronto el himno comienza a sonar; sólo pudieron escucharse los primeros compases: un tanque T-55 se dispone frente al edificio y dispara, reduciendo Radio Praga a escombros.

Por todo el territorio se repiten los mismos hechos. En Bratislava (capital de Eslovaquia), las jóvenes levantan sus minifaldas frente a los tanques; cuando los jóvenes soldados rusos se detienen para admirarlas, los estudiantes y obreros eslovacos atacan los tanques destruyendo sus faros con piedras e incendiando los bidones de petróleo. Una nueva columna de tanques cruza el Danubio con dirección a la ciudad, los estudiantes los reciben con piedras e insultos. Los soldados responden con las armas, matan a un estudiante de quince años. La multitud se enfurece aún más, corren contra los tanques que responden con las ametralladoras, sumando otros cuatro estudiantes a la lista de muertos. La lucha es desigual: tanques y ametralladoras contra bombas molotov, ladrillos y latas que eran lanzadas o puestas en las bocas de los blindados. Antes que los invasores pudieran tomar las radios y la televisión, salen del país en forma clandestina varias cintas que mostraban los acontecimientos. Pronto serán emitidas por la BBC y la European Broadcast Union para toda Europa Occidental. Cuando los tanques logran controlar el país las agresiones contra ellos continúan. Aparecen grafitis en los que puede leerse “Moscú 2.000 km”; “Socialismo SI, ocupación NO” o “Libertad a Dubcek”.

Las jóvenes checoslovacas besan espontáneamente a los jóvenes frente a los tanques y gritan frente a los azorados soldados: “Sólo habrá besos para aquellos que no sean ocupantes”. Los pobladores de los pueblos hablan con los invasores en un ruso básico que fueron obligados a aprender en la escuela. Les preguntan: “¿Qué hacen aquí?” “¿Para qué han venido?” Los soldados rusos, muchos de ellos granjeros sin educación no saben qué responder. Cuando las radios y la televisión fueron clausuradas, las emisoras clandestinas comenzaron a difundir noticias sobre la ocupación y la resistencia checoslovaca.

Hacia el XIV Congreso

La fragilidad política del operativo, las dudas, alternativas y debates que lo precedieron, subrayan contradictoriamente el sentido obligado de la intervención militar: “La elección del momento parece haber estado determinada por la proximidad del Congreso Extraordinario del Partido Comunista checoslovaco. La intervención armada – dice Jiri Pelikan, otro de los dirigentes del ala “reformista”-  debía impedir la celebración del Congreso a fin de imposibilitar la elección de un nuevo comité central que respondiese a las opiniones y deseos de los miembros del partido. La dirección soviética sabía a ciencia cierta que en el nuevo comité central ya no se encontrarían miembros susceptibles de prestarse a un golpe de fuerza…”.

or eso mismo el golpe contra la invasión se produce cuando en Praga recién invadida, el Comité de la Ciudad (sin contar con el aval de los miembros del Comité Central y del Presidium) resuelve convocar por la radio a una conferencia inmediata de los delegados electos al XIV Congreso. La resolución ya es conocida cuando, en la noche del miércoles 21 de agosto, unos 60 miembros del Comité Central se reúnen de urgencia. La intención era nombrar a los nuevos dirigentes del Estado. Los filosoviéticos no se atreven a hacerse con el poder, los renovadores se limitan a protestar y a reclamar la libertad de los detenidos. Los debates continúan hasta el amanecer, finalmente se decide que sostendrán la política impuesta desde enero y del “programa de acción” de abril. Llaman a la población a “mantener la calma” y “colaborar con los ocupantes”. El Secretariado y el Presídium se reúnen en forma conjunta la mañana del 22. Establecen un acuerdo frente a la amplitud de la reacción nacional, sobre la necesidad de emprender, como prioridad, medidas para la liberación de Dubcek. No se habla del XIV Congreso y un alto funcionario del partido, que sustituye interinamente al líder detenido, llama a no reconocer la convocatoria del comité de Praga. Pero ya es tarde… El XIV Congreso se reunirá clandestinamente. La situación pegará un violento viraje. “No ponemos el socialismo en peligro, dirá uno de los protagonistas del momento; por el contrario, ponemos en peligro a la burocracia que está enterrando al socialismo a nivel mundial. Es por eso que no podemos esperar ninguna cooperación o comprensión fraternales de la burocracia”.

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22 DE AGOSTO

El Congreso Clandestino del PC sesiona en Praga

A pesar de los tanques

La invasión a Checoslovaquia se transforma rápidamente en un fiasco. No habían pasado 48 horas de la invasión cuando se pone en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista. Era precisamente lo que los burócratas del Kremlin querían evitar. Los delegados sesionarán ante la impotencia de los ocupantes y bajo la activa protección del movimiento obrero. Todo cambia: los líderes del ala “reformista”, presos en Moscú, serán liberados: es el último recurso para quebrar la perspectiva abierta por el fracaso del intento de resolver los problemas “manu militari”. Los “reformistas” jugarán su autoridad para disipar el levantamiento revolucionario de la “primavera de Praga”

El llamado a los delegados electos para el XIV Congreso del PCCh para reunirse inmediatamente en Praga había partido del comité local de la ciudad y había sido trasmitido originalmente por la radio capitalina, horas antes que las tropas rusas consiguieran silenciarla. Pero, a partir de entonces, la red de transmisión clandestina, creada en principio para ser utilizada en caso de un hipotético ataque de Occidente, se ocupó con enorme eficacia de movilizar la opinión pública y convertir al congreso clandestino en la emergencia de un movimiento de masas. En todas las radios del país se escuchaba el llamado a la “conferencia de delegados”, adelantando el congreso convocado para el 9 de septiembre. Cuando las fuerzas rusas ocupan el Comité de la capital del PC, intentando armar una trampa para detener a los delegados, la red de transmisión radial previene a los delegados para que se dirijan a una fábrica de la capital, donde militantes y milicianos los conducirán al lugar de la reunión. Así, “un simple llamamiento por radio bastó para que se dirigiesen a Praga los delegados del XIV Congreso, unos por tren, otros por carretera, algunos en bicicleta o a pie. Para conservar secreto el lugar de la reunión ante los ocupantes, se indicó a los delegados que debían presentarse en una gran fábrica de Praga, desde donde los obreros les guiarían clandestinamente al lugar convenido”.[1] Por radio también se informa que el congreso se realizará en el edificio del Parlamento, pero la información es falsa y sirve para despistar a la policía. La población hace el resto. Cambian los carteles con las direcciones, desactivan las centrales telefónicas, todo para desorientar a los soldados rusos. Y lo logran.Las decisiones del CongresoEn Vysocany, pueblo en los alrededores de Praga, los delegados electos se reúnen en la fábrica CKD donde son protegidos por los mismos obreros de la fábrica junto a milicias populares. Todo está preparado para sacar a los delegados hacia otro local de reunión en caso que intervenga la policía o las fuerzas armadas rusas. Bajo este impresionante operativo se pone en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista Checoslovaco. Comienza a las 11 de la mañana con 930 miembros; luego llegan desde lugares más lejanos los delegados eslovacos: 1026 delegados se reunirán en definitiva sobre un total de 1250 elegidos en los meses anteriores. Solo ocho dirigentes “conocidos” están presentes en la fábrica CKD. El resto está conformado por una nueva camada de luchadores y otros más viejos separados del partido en las purgas llevadas adelante entre 1948 y 1949. Es “un acontecimiento capital, sin precedentes en la historia del movimiento comunista internacional: el movimiento de masas retomando el partido de su aparato”.[2]El congreso elige en forma democrática un nuevo Comité Central de 144 miembros. Son eliminados todos los dirigentes afines a los jefes de Moscú. Son reelegidos los dirigentes presos y otros amenazados, que reciben una gran cantidad de votos. Alexander Dubcek, en primer lugar, revelando una atadura política a la cúpula de sector “reformista” de la burocracia y que pesará decisivamente en el próximo período. Una mayoría abrumadora de los integrantes del flamante CC son nuevos miembros, entre quienes resaltan antiguos comunistas, dirigentes locales, algunos de los firmantes del “manifiesto de las 2000 palabras” e incluso algunos acusados de trotskistas en los tiempos de la más feroz represión stalinista.[3]Durante el congreso los debates son breves, el tiempo escasea y existe la posibilidad real de ser capturados. En una atmósfera acalorada pero silenciosa, se lee la declaración del XIV Congreso del Partido. Se afirma que la ocupación extranjera constituye una violación a la soberanía nacional, que en vísperas de ésta no había en Checoslovaquia “ni una contrarrevolución, ni un peligro para el socialismo” y que el país no aceptaría “una autoridad militar de ocupación, ni un poder colaboracionista apoyado en las fuerzas de los ocupantes”.[4] Los delegados respaldan como “autoridades legítimamente designadas a Dubcek, aún preso por los capos de la URSS y al presidente Svoboda, otra de las caras más populares de la burocracia ‘reformista’ y que había rechazado el encargo de los ocupantes de formar un nuevo gobierno. Finalmente, se resuelve exigir negociaciones inmediatas para el retiro de las tropas rusas y convocar a una huelga general de protesta si no se concreta desde el día siguiente, 23 de agosto. Las resoluciones del congreso se hacen públicas inmediatamente. 

El viraje de MoscúLa suación política ha pegado un viraje profundo. La cuestión de echar al movimiento obrero insurgente que reaccionó como un resorte frente a la invasión vuelve al primer plano de la agenda, porque desborda los planteos de la burocracia “reformista” e inviabiliza todo el andamiaje represivo de la invasión. El dato “nuevo” es la clase obrera de carne y hueso que se había puesto a la cabeza de la resistencia popular, quebrando todas las especulaciones previas sobre las alternativas de la invasión: son los mineros y obreros del carbón, en huelga desde el comienzo de la invasión; son los trabajadores del ferrocarril, que frenan los transportes del material proveniente de Alemania y Rusia destinado a los ocupantes. Son las ciudades obreras de Checoeslovaquia, donde estallan los incidentes más violentos contra los invasores.En sólo unos pocos días, el panorama se modifica radicalmente. Los capitostes de Moscú tienen que abandonar la idea de formar un nuevo gobierno. La consigna de la hora es desconocer el congreso realizado en la clandestinidad y oponerle… las autoridades preexistentes, que los hombres del Kremlin habían buscado destronar. En estas condiciones, el presidente Svoboda, encabezando una delegación de dirigentes del PCCh, se prepara para partir a Moscú. La invasión y el secuestro del gobierno nacional checoslovaco se habían convertido muy rápidamente en un colapso político. La dirección del Kremlin convoca a los dirigentes que había detenido del gobierno de Dubcek y propone su restitución a los cargos a cambio de un doble compromiso: por un lado, la aceptación de la invasión; por otro, el control ruso sobre las decisiones del gobierno (derecho a veto sobre cualquier medida del gobierno checoslovaco). El conjunto de la dirección “renovadora”, con la única excepción de un dirigente (Kriegel), capitula y firma un documento secreto que establece la ilegalización del congreso partidario independiente realizado en Praga. Pero esto es sigiloso. La tarea del momento es volcar la autoridad de los populares dirigentes “reformistas” para desarmar con maniobras y volteretas el ascenso revolucionario. Comenzará entonces la “normalización” pactada en Moscú. Se acerca el otoño y Dubcek vuelve para enterrar la “primavera”.  

1. Pelikan, Jiri: Le congres clandestin, Editions du Seuil, 1970, págs. 9-10.2. Broue, Pierre: A primavera dos povos comeca em Praga, Kairós, 1979 (1969), pág. op. cit., 145-146.3. Sobre el Manifiesto de las 2.000 palabras, ver: “Las 2.000 palabras del verano en Praga”, Prensa Obrera Nº 1.047, 24 de julio de 2008.4. Broue, op. cit., pág 14. 

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Dubcek pacta en Moscú terminar con la Primavera de Praga

Fue un 27 de agosto en Moscú. Alexander Dubcek, el jefe de la burocracia reformista, venía de ser liberado junto a otros dirigentes. El propósito era resolver el impasse en Checoslovaquia. Los invasores no habían conseguido formar gobierno. Tampoco impedir la realización del 14º congreso del PCCh que, reunido clandestinamente en un barrio obrero de Praga, había barrido con la vieja dirección stalinista. Entonces, los jefes “renovadores”  firman el pacto con los jefes de Moscú. Estaba por comenzar el otoño y volverá a su país para liquidar la Primavera insurgente.

El acuerdo fue logrado luego de varios días de negociaciones. Los jefes del Kremlin aceptan que los “renovadores” retomen el gobierno que sus propios tanques habían tratado de liquidar. Las tropas de los “países socialistas amigos” se replegarán aunque un retiro definitivo queda sujeto a nuevas discusiones. La burocracia del “socialismo con rostro humano” se encargará de resolver con medidas políticas lo que no pudo hacerse con la fuerza de las armas. El contenido de la “normalización” se fija en un documento secreto que recoge los viejos planteos de los capos moscovitas: “renuncias” de los funcionarios más radicales y de los directores de la radio y la televisión (que habían jugado un importante rol en la resistencia a la invasión), el cese de la campaña contra los dirigentes de la URSS, el desconocimiento de las resoluciones del Congreso clandestino.

La democracia “normaliza”

Con el retorno de los dirigentes de Moscú, comienza entonces la “normalización”. Se convoca al viejo comité central, no al recientemente elegido en el XIV Congreso, que es impugnado con argumentos relativos a su irregular convocatoria. Pero son convocados también varios de los delegados elegidos para lo que debería ser el nuevo comité central. La política de “cooptación” irá disolviendo a este último. Los medios de comunicación comienzan a disciplinarse a la nueva línea y la censura va ganando terreno. Los elementos más radicales del ala renovadora son desplazados en las semanas siguientes. Un nuevo 14º congreso se reconvoca para meses después. Por sobre todas las cosas los reformistas se empeñan en desmovilizar y frenar las acciones de protesta para “facilitar” el progresivo retiro de las tropas extranjeras. Es la política de estrangulamiento “pacífico” del levantamiento obrero y juvenil. El movimiento de masas se desmoraliza y se confunde frente a la política de la burocracia. Comienza un proceso de emigración masiva. Todavía en los meses de noviembre, diciembre y enero importantes huelgas y manifestaciones obreras y estudiantiles se oponen al invasor y a sus equipos de colaboradores impuestos. En un acto heroico y desesperado, un joven se inmola públicamente en una plaza de Praga para provocar la respuesta del pueblo. Pero “esas reacciones masivas del pueblo y de la clase obrera constituían los últimos gestos de una sociedad que se sentía frustrada e impotente. No sólo por la abrumadora superioridad militar de los invasores, sino por el espíritu de capitulación de los órganos dirigentes del partido”.1

El pacto contrarrevolucionario puso de relieve el antagonismo irreductible entre el ala renovadora de la burocracia y la perspectiva abierta por la irrupción de las masas. Para la cúpula, la “democratización”  era el instrumento para desarrollar un programa de integración progresiva con el capital mundial, como quedó claro en los planteos del programa de acción que había propuesto en marzo, luego de haber liquidado el gobierno del stalinista Novotny. La clase obrera y su vanguardia no encontró una vía propia  para la revolución política que acabara con la burocracia y recuperara su propio gobierno. No se planteó el problema estratégico del poder, reconstruyendo su propio gobierno, la dictadura del proletariado. No se preparó para un enfrentamiento y depositó su confianza en una dirección que acabó echando la soga democratizante al cuello de la revolución. La “democratización” concebida como un fin en sí mismo volvió a mostrar sus límites insalvables.

El derrumbe stalinista (y la cuestión alemana)

La Primavera de Praga mostró también otros límites, los que arrastraban al régimen de la burocracia stalinista con centro en Moscú a una descomposición imparable. Durante varios meses todo el régimen de camarillas y facciones en la URSS y en el Este europeo se mantuvo en un estado de deliberación sobre los medios para enfrentar el estancamiento económico y el descontento popular creciente que se extendía por toda su geografía. En Checoslovaquia había tomado una forma explosiva pero era expresión de un fenómeno general. Había pasado menos de una década luego de que otras revoluciones hubieran sacudido al mundo “soviético”, entonces en Hungría y en Polonia. Por eso mismo en las discusiones sobre el caso checoslovaco, el ala más dura estuvo representada por los burócratas de Alemania oriental. Se encontraban en la frontera de Occidente, reinando en un (semi)país, artificialmente dividido por Stalin y el imperialismo para impedir el resurgimiento del proletariado alemán y europeo luego del derrumbe nazi. Los burócratas de Berlín representaban mejor que nadie el inmovilismo de la política staliniana. Pero era justamente para salir de ese mismo inmovilismo que las alas “reformistas” se orientaban a buscar una salida con un giro más acentuado hacia el capitalismo mundial. Los Dubcek de 1968 son los antecesores de los Gorbachov y la Perestroika de dos décadas después. Y entonces también la cuestión alemana, se planteó como el “eslabón frágil” de la cadena.

La Primavera de Praga puso de relieve, en un nuevo contexto, la impasse más general de la burocracia y las contradicciones planteadas por la tendencia de la burocracia a la restauración y de la masas a rebelarse contra el orden staliniano. Ese nuevo contexto era el del agotamiento de los equilibrios alcanzados al finalizar la Segunda Guerra, el del Mayo Francés, el de  la quiebra del régimen gaullista, el del retroceso de los yanquis en Vietnam. Frente al ‘68, “año revolucionario”, la colaboración contrarrevolucionaria entre el imperialismo y la burocracia se intensificó. En el ‘68 ya habían comenzado las discusiones para la firma de un tratado de “cooperación y seguridad europeo” que no era otra cosa que una tratado de garantías mutuas y de integración de la burocracia al mercado capitalista. En 1970, en Polonia, los obreros retomarían la posta de la movilización que había llegado a su punto más alto en la Checoeslovaquia de dos años atrás, mientras el Kremlin firmaba el primer acuerdo con la burguesía alemana, en Bonn. Comenzaba otra etapa en la economía y en la política mundial.

(1) Claudín: La oposición en el “socialismo real”, Unión Soviética, Hungría, Checoslovaquia, Polonia 1953-1980. Siglo XXI Editores, 1981, pág. 260.

Equipo Aniversarios

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